| JORGE TEILLIER EN COYHAIQUE |
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Jorge Teillier está entre los diez mejores poetas chilenos del s.XX. Silenciosamente, dejó una escuela, una influencia en dos o tres generaciones de escritores chilenos. En las universidades se le recuerda con más frecuencia de lo que suponen sus propios lectores, porque son infinitas las memorias de tesis escritas en torno a su vida y su legado poético. Sus ensayos, comentarios literarios críticos y monografías, están en "Prosas completas" (Ed. Sudamericana, Stgo.2000), notable selección de Ana Traverso. Y para entrar en su intimidad intelectual, amorosa y biográfica, está, por supuesto, nuestro "Jorge Teillier. Arquitectura del escritor" (Lom, Stgo.2004) El retrato que da inicio a esta crónica, pertenece a José Mansilla Contreras, el destacado escritor y poeta de Coyhaique. En el hogar de éste, frecuente nido de emigración para artistas del país, estuvo Jorge Teillier, allá en marzo del 96 (la fecha exacta está en la foto). Y ya me imagino esa larga noche en torno a la cocina a leña, en cuya superficie de acero se calentaba una pava con el agua para el mate patagónico -máximo símbolo de amistad-. Donde se chambreaba un buen tinto y donde Vicky ponía a recalentar el pan amasado. En el horno terminaba de dorarse la carne en su jugo. Noche de búhuos, pura poesía, memoriosidad del tiempo, y decenas de amigos escritores presentes entre las sombras de las paredes y la humedad de la ventana. Tiempo de calor íntimo, como el corazón en el cuerpo. Nada se grabó en esa oportunidad, salvo la fotografía. En ella aparece un Jorge físicamente cansado, desmejorado. Sin embargo, sus ojos denotan el brillo de su inteligencia. Poco más de un mes después, Jorge apaga su lámpara vital en Viña del Mar. Esas pocas semanas de 1996 el poeta lárico las empleó para recorrer espacios de su patria y para juntarse, en Santiago, con jóvenes universitarios que lo amaban. Era tan lúcido, que cumplió sus últimas jornadas diurnas y nocturnas para seguir vivo en lo que fue la razón de su existencia: la poesía, la poesía como relación humana superior. Durante los días de las entrevistas efectuadas por quien escribe (para "Jorge Teillier. Arquitectura del escritor", Lom, 2004), ocurrieron inmediatamente después de una de sus hospitalizaciones (1988) y estaba sereno, al parecer tranquilo, dispuesto a entregarse a una consulta tan especial como fue aquella. Nos conocímos en
Con este último aserto, dejamos en descubierto su relación insobornable con una ética profunda. Caso no muy común entre los escritores de toda latitud. Hemos visitamos varias veces el lugar donde descansan sus resto. La foto que sigue, es del Cementerio de
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